I B O G A

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Se conoce como iboga a la corteza de la raíz de la Tabernanthe iboga, planta que crece en el África occidental y es utilizada tradicionalmente en ritos de paso y en ceremonias de sanación.

 

 

El principal alcaloide es la ibogaína, y se ha utilizado desde los años 60 para el tratamiento de las addicciones.

 

I n f o   b á s i c a

 

La ibogaína es el alcaloide más investigado de la iboga, pero se estima que otros alcaloides de la planta también podrían tener propiedades terapéuticas. La iboga ha demostrado ser muy efectiva en la eliminación del síndrome de la abstinencia asociado al consumo de opiáceos y en la reducción del deseo compulsivo de consumo de una amplia variedad de drogas.

 

 

La experiencia con iboga facilita una profunda revisión de la historia personal y la situación vital, así como un ajuste del propio comportamiento y el rol personal en la familia y la sociedad.

 

 

O r i g e n   /   H i s t o r i a

 

La corteza de la raíz de la planta de la iboga ha tenido un rol fundamental en los ritos de paso y en las ceremonias de sanación de numerosas culturas del África tropical. La planta es utilizada en Camerún, Guinea Ecuatorial, Guinea, Congo y, sobre todo, en Gabón por los Pigmeos, las tribus Fang y Mitsogo en la cultura Bwiti.

 

Etimológicamente Bwiti se significa aproximadamente  “ancestros” o “muertos”, pero puede también haberse originado a partir de la palabra “Mbouiti”, el nombre especifico de los pigmeos oriundos de la zona entre Gabón y Zaire.

 

 

Tradicionalmente, en la cultura Bwiti la iboga ese utiliza en los ritos de paso de los adolescentes o en ceremonias de sanación para hombres y mujeres. El ritual alrededor de la iboga dura cinco días y se desarrolla un proceso de muerte-renacimiento, cuidadosamente guiado por la comunidad mediante la realización de una serie de rituales en los que muchas personas toman parte; una muerte simbólica del adolescente o del mal cede el paso al nacimiento del adulto o de la persona sana.

 

La ibogaína en la sociedad moderna

 

En 1962, Howard Lotsof, un joven de Nueva York adicto a la heroína, junto a seis compañeros también adictos llevó a cabo un experimento. Ingirieron ibogaína y al día siguiente, seis de los siete amigos dejaron de consumir heroína, ya que no tenían síndrome de abstinencia ni deseo de consumo.

En los años siguientes, los esfuerzos para conseguir que la ibogaína fuese considerada una alternativa válida de tratamiento de la adicción a opiáceos obtuvieron escasa respuesta por parte de la industria farmacéutica.

 

 

El NIDA (National Institute of Drug Abuse) desarrolló un Drug Master File (DMF) de 4.000 páginas de extensión, incluyendo 16 volúmenes de estudios pre-clínicos.

 

En 1993, la FDA (Food and Drug Administration of USA) aprobó un ensayo clínico de fase 1, que concluyó luego del primer tratamiento debido a conflictos relativos a patentes.

En 1995, el NIDA decidió no continuar apoyando la investigación con la ibogaína, pero los grupos de consumidores de drogas y las organizaciones activistas promovieron su uso y la pusieron a disposición del público en contextos alternativos no clínicos.

El número de proveedores de tratamiento y su demanda por parte de adictos a las drogas ha crecido de manera exponencial en los últimos 10 años. Hay clínicas de ibogaína en países como Brasil, México, Canadá, Tailandia y Sudáfrica, y proveedores de tratamiento en todo el mundo.

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En el año 2009, Nueva Zelanda fue el primer país del mundo en aceptar la ibogaína como un medicamento.

 

C o m p o s i c i ó n   q u í m i c a   y   d o s i f i c a c i ó n

 

La corteza de la raíz de la Tabernanthe iboga contiene los alcaloides ibogaína, ibogalina e ibogamina, en proporciones aproximadas del 80%, 15% y 5% respectivamente.

 

En el pasado se han utilizado extractos de la corteza de la planta para distintos usos, entros los que se encuentran el tratamiento de la astenia (en dosis de 10-30mg diarios), como estimulante neuromuscular (en dosis de 200mg de extracto, unos 8mg de ibogaína) y para lel tratamiento de la depresión, la fatiga y la recuperación de enfermedades contagiosas.

 

 

Estos usos no han sido adecuadamente investigados y hoy en día no existen medicaciones de prescripción que contengan ibogaína.

 

Para el tratamiento de las adicciones, eliminar el síndrome de abstinencia y evitar el craving, Lotsof recomendaba dosis de 15-20mg/kg de ibogaína. Dosis por encima de los 12mg/kg se consideran de mayor riesgo cardiovascular, ya que pueden producirse reacciones fisiológicas imprevistas, incluyendo la muerte, así que se recomienda utilizar estas dosis siempre en entornos controlados y con profesionales de la salud entrenados en emergencias cardíacas.

 

Otro método que se ha utilizado para reducir el síndrome de abstinencia de la metadona y reducir paulatinamente su uso es la dosificación repetida con cantidades pequeñas y crecientes de ibogaína. En un caso se utilizaron un total de 5 dosificaciones, en cantidades de 150, 300, 400 y 600mg de ibogaína.

 

 

Esta dosificación solamente produjo leves efectos psicológicos a la vez que permitió la deshabituación completa de la metadona.

 

En contextos de crecimiento personal y autoexploración, se utilizan dosis altas de ibogaína, iboga o extractos, que produzcan una experiencia subjetiva intensa. En estos casos la dosis son parecidas a las propuestas por Lotsof.

 

E f e c t o s

 

 

La ibogaína induce una experiencia introspectiva que con frecuencia se refiere como profundamente psicoterapéutica.

 

Comúnmente se le llama “onírica“, ya que a menudo induce visiones de ensueño, aunque este no es siempre el caso. La experiencia con ibogaína no es una experiencia alucinógena puesto que el individuo es siempre consciente de dónde está; que la experiencia es causada por al ingestión de la ibogaína y que las visiones que se tienen durante la experiencia son proyecciones internas.

 

La fase inicial de la experiencia es de una intensa introspección visual de entre 7 a 12 horas de duración, altamente cargada de información, pero que no tiene demasiada conexión emocional con la persona ni existe mayor integración psicológica de los contenidos durante esta fase.

En las siguientes 24 horas de la experiencia, la fase visionaria se desvanece y los contenidos de este proceso son integrados en un proceso cognitivo.

 

 

Este proceso de integración continúa desarrollándose en la vida diaria durante los meses en que los que el individuo redefine su identidad y su dinámica interpersonal con relación a su entorno.

 

Efectos antiadictivos

 

A pesar de existir una cantidad enorme de estudios en animales, solo se dispone de evidencias limitadas sobre su eficacia en humanos, si bien existe un creciente número de estudios, estudios de caso y testimonios de adictos que se sometieron a este tratamiento que apoyan los hallazgos respecto a su potencial como herramienta para el tratamiento de las addicciones.

La iboga parece ser especialmente útil en la adicción a opiáceos, y en menor medida (y con mayores riesgos) en del tratamiento de la adicción a cocaína y anfetaminas.

La ibogaína no disminuye el síndrome de abstinencia del alcohol ni de las bonzodiacepinas, aunque ha disminuido la ingesta de alcohol en estudios con animales, y hay reportes anecdóticos en humanos.

 

 

La iboga tiene potentes efectos neuroregeneradores debido a sus complejas interacciones con distintos sistemas de neurotransmisores.

 

La ibogaína regula el sistema dopaminérgico a la alza e incrementa la producción de proteína GDNF (que promueve la supervivencia de determinadas neuronas), lo que provoca un estado particular de neuroplasticidad.

 

 

Esta combinación de efectos reducen el deseo de consumir determinadas sustancias y promociona la adquisición de nuevos comportamientos, lo que la hace una herramienta efectiva tanto para las adicciones a sustancias como las comportamentales, cuando se utiliza desde una perspectiva completa y adecuada.

 

Mientras algunas personas son capaces de resolver su adicción con una sola administración de iboga, para muchas otras esto resulta poco realista, dado que los comportamientos habituales pueden estar fuertemente enraizados y los síntomas de abstinencia y el deseo de consumir pueden persistir, habitualmente debido a las deficiencias nutricionales crónicas que pueden provocar desajustes neuroquímicos.

 

 

La ibogaína puede ser un interruptor de la dependencia y un catalizador de cambios, y a veces permite tener comprensiones psicológicas profundas y promover la obtención de un mayor autoconocimiento.

 

P r e v a l e n c i a   d e   u s o

 

La iboga es una sustancia psicoactiva relativamente poco usual entre los círculos de usuarios de plantas psicoactivas. No es una sustancia que se ofrezca habitualmente en el mercado negro, y solamente existe un cierto intercambio en los círculos de consumidores de opiáceos. Suele administrarse en centros o clínicas especializadas en el tratamiento de desintoxicación.

El espectro de estos centros es muy variado, desde clínicas legales que anuncian sus servicios abiertamente y cuentan con equipo y personal médico, hasta proveedores individuales que proporcionan la ibogaína en apartamentos o casas rurales a personas que buscan un tratamiento de desintoxicación

Existen círculos en los que se utiliza la ibogaína con intenciones introspectivas, chamánicas o espirituales, y se realizan retiros en los que se proporciona la experiencia en un contexto más orientado al crecimiento personal.

En ocasiones se celebran rituales basados en la tradición Bwiti, aunque este tipo de contextos son poco habituales. Algunos proveedores occidentales incorporan elementos diversos de tradiciones africanas en sus tratamientos con iboga, como la música, los baños con plantas y las ofrendas rituales.

En la encuesta realizada en 2018 en el marco de este proyecto financiado por la Unión Europea, de las 593 personas que respondieron, todas ellas usuarias de alguna variedad de planta psicoactivas, solamente 60 respondieron afirmativamente haber usado iboga en alguna ocasión. Este porcentaje es uno de los más bajos, junto con el Khat, la Argyreia nerviosa, el Bufo alvarius y las Daturas.

 

 

E s t a t u s   l e g a l

 

Desde el descubrimiento en 1963 de las propiedades anti-adictivas de la ibogaína, la aceptación mundial de su aplicación terapéutica y su desarrollo como medicamento ha sido muy lento.

 

 

La ibogaína no está en las listas internacionales de sustancias psicotrópicas controladas de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de las Naciones Unidas…

 

pero…

 

(…) es ilegal en los EE.UU., Australia, Bélgica, Francia, Suiza, Suecia, Polonia, Dinamarca y Hungría e Israel.

 

 

 

En 2017 el departamento de salud de Canadá añadió la ibogaína a la lista de Medicamentos de Prescripción aunque añadía que “no estaba autorizado su uso en Canadá”.

 

 

 

S a l u d    y     r e d u c c i ó n   d e    r i e s g o s

 

La mayor inquietud acerca de los riesgos conocidos del uso de ibogaína es que esta disminuye el ritmo cardíaco (bradicardia) y prolonga los intervalos QT, una medida del tiempo entre el inicio de la onda Q y el fin de la onda T en el ciclo eléctrico del corazón. Por eso, personas con historial de infarto de miocardio, soplos, arritmias, intervenciones quirúrgicas en el corazón u obesidad severa NO deberían tomar ibogaína.

 

 

Un ECG (Electrocardiograma) es el chequeo mínimo requerido, pero un test de esfuerzo y/o monitoriación de 24 horas con un Holter incrementan la posibilidad de detectar anormalidades importantes.

 

La presencia de un médico hábil (preferiblemente especializado en cardiología y en urgencias) presente durante la sesión de monitorice las variaciones en el ritmo cardíaco incrementa de forma significativa la seguridad de este tratamiento.

Otro factor de riesgo es la embolia pulmonar. Esto ocurre cuando hay trombos de sangre en las venas, como los que pueden producirse durant  la movilidad prolongada durante viajes en avión, accidentes de coches o enfermedades relacionadas con al sangre: cuando estos coágulos circulan a través del cuerpo durante una sesión de ibogaína, pueden llegar hasta los pulmones, donde pueden provocar una embolia con riesgo e asfixia.

 

 

El riesgo de embolia pulmonar pues ser reducido haciendo deporte o ejercicio después de viajes largos y también evitando empezar el tratamiento justo después  de la llegada al destino.

 

Personas con problemas de hemorragias, coágulos crónicos, o personas que se han visto involucradas recientemente en accidentes que les han provocado moretones y sangrado deberían ser excluidas del tratamiento.

 

Condiciones médicas como asma, cáncer, disfunción cerebral (p.e. enfermedad de Meneire y dificultad en mantener el equilibro), desvanecimientos crónicos, diabetes, enfisema, epilepsia, enfermedades del tracto intestinal (enfermedad de Crohn, Enfermedad Inflamatoira intestinal), problemas ginecológicos, VIH, SIDA, Hepatitits C (si está activa con enzimas hepáticos en un 200% por encima de lo normal), problemas renales, problemas de hígado, problemas de tiroides, temblores, tuberculosis y úlceras son también contraindicaciones en la mayoría de las ocasiones, pero algunos centros aceptan personas con algunas enfermedades, algo que podría incrementar el riesgo del tratamiento.

Otra causa de efectos adversos es la interacción de la ibogaína con otras drogas o fármacos.

 

 

Antes de tomar ibogaína, la persona interesada no debería tomar drogas durante el periodo de tiempo suficiente para asegurar que la droga ha sido eliminada.

 

Esto depende de la vida media de cada droga, y es distinta para cada sustancia. Por otro lado, alimentos y sustancias que se metabolizan mediante las enzimas CYP2D6 (una enzima implicada en el metabolismo de muchos fármacos) deberían evitarse, ya que podrían interactuar con la ibogaína, y potenciar sus efectos de bradicardia y de prolongación del intervalo QT.

 

 

En Internet hay listas disponibles de tales sustancias. La quinina y el pomelo pertenecen a este grupo y deberían evitarse antes del tratamiento.

 

Es importante conocer la dosis exacta de ibogaína para evitar sobredosificaciones o complicaciones.

 

Riesgos Psicológicos

 

Aunque algunos centros aceptan a personas con trastornos psiquiátricos tales como el trastorno bipolar, el trastorno límite de la personalidad, etcétera -e incluso algunos pacientes refieren una mejora de su estado- no se sabe nada acerca de los efectos de la ibogaína en tales trastornos ni los riesgos que ello implica. Es un terreno arriesgado.

En general, personas con trastornos psiquiátricos como los mencionados anteriormente, así como aquellas que sufren de esquizofrenia y de historia de psicosis, suelen ser excluidas de este tratamiento, puesto que la ibogaína podría provocar una reaparición de los síntomas o un empeoramiento de los mismos. De la misma manera, la interacción de la ibogaína con determinados psicof´rmacos puede ser peligrosa.

 

 

Un chequeo psiquiátrico en profundad así com la supervisión de un psiquiatra son importantes antes de involucrarse en una tratamiento con ibogaína en caso de padecer algún trastorno psitquiátrico o estar tomando medicación.

 

Además de los riesgos psiquiátricos, la ibogaína es una potente sustancia psicoactiva que puede inducir una experiencia introspectiva que no siempre resulta fácil de lidiar con ella. Se pueden producir episodios de ansiedad extrema, y en casos más serios, estados de paranoia.

 

 

Un facilitador habilidoso puede dar el apoyo necesario a la persona y ayudarle a atravesar los episodios difíciles. Una preparación adecuada con la guía de una terapeuta puede ayudar en gran medida a adquirir confianza en uno mismo, adentrarse en la experiencia con un estado mental adecuado y estar preparado para eventuales experiencias difíciles.

 

 

International Center for Ethnobotanical Education Research and Service

ICEERS

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